Marzo, beso, inevitable


–En la primera cita nunca beso –dijo él mientras hacia un movimiento que evitaba el contacto–. Lo lamento.
Ella agachó la cabeza y pareció algo frustrada.
Había estado atenta a todas las señales. Era verdad que una primera cita en el chino más barato de Valencia no auguraba un principio muy romántico pero entonces, para qué narices había querido acompañarla hasta el coche. Sintió que la cara se le encendía, las mejillas le abrasaban.
Él pareció que buscaba las palabras y balbució inevitable:
–Natalia, ¿me puedes prestar 200 euros?
Mañana empieza marzo y debo dos meses de alquiler.

Fueron juntos hasta el cajero. Allí se despidieron con un abrazo. Nunca más supo de él.

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