Inesperado, amiga, charco
Caminaban por la acera a la salida del ensayo. Dos actrices con oficio y sin fama. Por algún motivo la conversación parecía requerir una estrategia: mostrarse tibia al tiempo que aguda y simpática. La tarde se había quedado cálida después de la tormenta, con una luz preñada de esperanza.
Noe miró Zoe de reojo y ambas rieron.
Zoe, pletórica, exultante, quiso decir:
“Te mostraré donde crecen los lirios / en las riberas de Italia”
Esos, justamente y no otros, eran los versos que llenaban su cabeza en aquel momento. En cambio, y tras mucho esfuerzo, logró farfullar:
–Noe, creo que me gustas un poco.
Empezaban a verse las primeras pancartas, llegaban mujeres de todos lados. Camisetas, globos, pañuelos, las calles iban vistiéndose de morado. Unos pocos segundos más y serían engullidas por la manifestación.
Ambas se detuvieron frente a frente. El vértigo hizo que Noe asegurase con la mirada la distancia hasta el suelo. Bajó la cabeza y entonces vio algo inesperado: los pies de su amiga, allí, mojándose, en mitad de un charco de lluvia bastante profundo. No podía apartar la vista. Y allí se quedó, paralizada, inmóvil, hasta que los pies salieron del charco dejando a Noelia petrificada, mirando el lugar que aquellos pies habían dejado libre.
La línea del cielo: Programa La línea del cielo 2018-03-13
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