Falda, escapar, libro

La falda. La falda vaquera, la minifalda, rodeaba con cierta tensión aquellos muslos desconocidos. Mi mirada, ajena a mi voluntad, detenida allí.
Un encuentro casual, un evento literario, una amiga de una amiga.
–He venido con más gente, pero me siento contigo –dijo. 
Mi deseo de huída, querer escapar con el cuerpo enraizado al suelo.
La escucha atenta, el gesto amable. La humildad y la ternura. Aquellas palabras sobre las que, de pronto, se posaba el vuelo alado de la inteligencia y el brillo. Todas las mujeres del mundo en una sola, allí, junto a mí.
Un segundo antes no lo estás; un segundo después: booooom. Centenares de dioptrías nublan la vista. Una especie de broma. 
–He leído sólo el tercero de tus libros –admití avergonzada, sintiendo imperdonable el hecho de no poder recitárselos todos de memoria.
–Después del verano saldrá mi cuarto poemario. Estoy muy contenta –dijo.
La sonrisa sutil, la expresión delicada. 
Terminó el acto. Logré marcharme de allí andando hacía atrás.
Supe que compraría el nuevo poemario, que los compraría todos. Supe, también, que jamás me atrevería a pedirle que me los firmara.

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