Promesa, olvido, ventana
Una promesa hecha a Dios doce años atrás.
La monja olvidó cerrar la ventana aquella noche.
Obediencia y disciplina regían el orden de aquel convento, pero incluso en los regímenes totalitarios las distracciones podían ser perdonadas.
La añoranza del contacto físico fermentada minuto a minuto. Como oficio servir de flor de tumba. La súplica jamás colmada. La pureza de la derrota. Resistir con empecinamiento a la desesperación.
La reverenda la llamó susurrando apenas su nombre. Sus ojos se apartaron del crucifijo para delatar la magnánima devoción.
Genuflexas ambas, la reverenda besó la mejilla inclinada por la subordinación.
Con voz siempre bajísima bajísima prometieron no revelarlo.

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